Amor mío:
He aplazado esta carta hasta tener noticias geniales que compensaran mi ausencia estos meses. Pero mi vida parece el telenoticias en agosto, con repeticiones de información añeja y algún reportaje soso de algún paraje semi perdido del Pirineo. No soy un corresponsal de guerra, no me juego nunca la vida, no voy en jeep por el desierto, no me pierdo en medio de una selva sin más protección que una cantimplora y un repelente para mosquitos que no funciona. Soy Ignatius J. Reilly con todos los necios detrás, soy una caricatura, una mueca absurda de lo que quería ser a estas alturas. Y tengo un pánico horrible. Mi vida sigue igual que siempre, y en este caso que las cuentas cuadren no es algo positivo, que las cuentas cuadren quiere decir que la empresa no avanza, y si la empresa no avanza, no crece, se estanca y en tiempos de desapetencia económica cualquier barco no reforzado se hunde. No sé si me explico. Quiero decir que todo sigue igual. Que todo está estancado menos mi cuenta corriente: la he asesinado y ahora está plagada de líneas rojas que no soy capaz de limpiar. Creo que me he quedado atrapado en un sueño, en un sueño idílico, en un piso que resultó ser frío, húmedo y solitario, y no hay nada peor que pasar frío solo. He quedado atrapado en un paro que agoniza y no cubre recibos y gastos. Y cada vez son más bajas las paredes, y cada vez tengo más miedo, y cada vez te siento más lejos. Es como si fuera ahora que me he dado cuenta que estoy en el fondo del mar, me he dado cuenta ahora que casi no me queda aire, ahora que no sé si llegaré a la superficie. Tenía talento, pero se ha podrido de no usarlo correctamente, de desaprovecharlo en lugares recónditos e inútiles. Y se ha esfumado como un diente de león en el paraje más desértico posible; ni con las corrientes más fuertes, ni con el huracán más potente del mundo apto para extinguir cualquier raza, sería capaz de llegar a tu lado y sonreír, sonreír como hace tiempo que no hago; concretamente desde que te fuiste como corresponsal de guerra, como aventurera con una cantimplora y un repelente de mosquitos que, curiosamente, contigo funciona. Contigo siempre funcionaba todo.
Besos deshidratados desde mi particular desierto,
X.
He aplazado esta carta hasta tener noticias geniales que compensaran mi ausencia estos meses. Pero mi vida parece el telenoticias en agosto, con repeticiones de información añeja y algún reportaje soso de algún paraje semi perdido del Pirineo. No soy un corresponsal de guerra, no me juego nunca la vida, no voy en jeep por el desierto, no me pierdo en medio de una selva sin más protección que una cantimplora y un repelente para mosquitos que no funciona. Soy Ignatius J. Reilly con todos los necios detrás, soy una caricatura, una mueca absurda de lo que quería ser a estas alturas. Y tengo un pánico horrible. Mi vida sigue igual que siempre, y en este caso que las cuentas cuadren no es algo positivo, que las cuentas cuadren quiere decir que la empresa no avanza, y si la empresa no avanza, no crece, se estanca y en tiempos de desapetencia económica cualquier barco no reforzado se hunde. No sé si me explico. Quiero decir que todo sigue igual. Que todo está estancado menos mi cuenta corriente: la he asesinado y ahora está plagada de líneas rojas que no soy capaz de limpiar. Creo que me he quedado atrapado en un sueño, en un sueño idílico, en un piso que resultó ser frío, húmedo y solitario, y no hay nada peor que pasar frío solo. He quedado atrapado en un paro que agoniza y no cubre recibos y gastos. Y cada vez son más bajas las paredes, y cada vez tengo más miedo, y cada vez te siento más lejos. Es como si fuera ahora que me he dado cuenta que estoy en el fondo del mar, me he dado cuenta ahora que casi no me queda aire, ahora que no sé si llegaré a la superficie. Tenía talento, pero se ha podrido de no usarlo correctamente, de desaprovecharlo en lugares recónditos e inútiles. Y se ha esfumado como un diente de león en el paraje más desértico posible; ni con las corrientes más fuertes, ni con el huracán más potente del mundo apto para extinguir cualquier raza, sería capaz de llegar a tu lado y sonreír, sonreír como hace tiempo que no hago; concretamente desde que te fuiste como corresponsal de guerra, como aventurera con una cantimplora y un repelente de mosquitos que, curiosamente, contigo funciona. Contigo siempre funcionaba todo.
Besos deshidratados desde mi particular desierto,
X.



