lunes 6 de julio de 2009

CARTAS EXTRAVIADAS: FUNCIONES

Amor mío:

He aplazado esta carta hasta tener noticias geniales que compensaran mi ausencia estos meses. Pero mi vida parece el telenoticias en agosto, con repeticiones de información añeja y algún reportaje soso de algún paraje semi perdido del Pirineo. No soy un corresponsal de guerra, no me juego nunca la vida, no voy en jeep por el desierto, no me pierdo en medio de una selva sin más protección que una cantimplora y un repelente para mosquitos que no funciona. Soy Ignatius J. Reilly con todos los necios detrás, soy una caricatura, una mueca absurda de lo que quería ser a estas alturas. Y tengo un pánico horrible. Mi vida sigue igual que siempre, y en este caso que las cuentas cuadren no es algo positivo, que las cuentas cuadren quiere decir que la empresa no avanza, y si la empresa no avanza, no crece, se estanca y en tiempos de desapetencia económica cualquier barco no reforzado se hunde. No sé si me explico. Quiero decir que todo sigue igual. Que todo está estancado menos mi cuenta corriente: la he asesinado y ahora está plagada de líneas rojas que no soy capaz de limpiar. Creo que me he quedado atrapado en un sueño, en un sueño idílico, en un piso que resultó ser frío, húmedo y solitario, y no hay nada peor que pasar frío solo. He quedado atrapado en un paro que agoniza y no cubre recibos y gastos. Y cada vez son más bajas las paredes, y cada vez tengo más miedo, y cada vez te siento más lejos. Es como si fuera ahora que me he dado cuenta que estoy en el fondo del mar, me he dado cuenta ahora que casi no me queda aire, ahora que no sé si llegaré a la superficie. Tenía talento, pero se ha podrido de no usarlo correctamente, de desaprovecharlo en lugares recónditos e inútiles. Y se ha esfumado como un diente de león en el paraje más desértico posible; ni con las corrientes más fuertes, ni con el huracán más potente del mundo apto para extinguir cualquier raza, sería capaz de llegar a tu lado y sonreír, sonreír como hace tiempo que no hago; concretamente desde que te fuiste como corresponsal de guerra, como aventurera con una cantimplora y un repelente de mosquitos que, curiosamente, contigo funciona. Contigo siempre funcionaba todo.

Besos deshidratados desde mi particular desierto,

X.

miércoles 1 de julio de 2009

HIKIKOMORI

El salvapantallas brillaba suplicando un cambio de vida, una jubilación, un plan de relevo. El teclado supuraba polvo y el ratón de tan blanco, se había vuelto negro. Los años pasan rápido entre ceros y unos. Ayer salió de la habitación, pensó en la puerta, en como sería atravesarla. En como sería respirar aire no filtrado, ver la luz solar más allá de la que se filtra entre el quicio de la ventana. En como sería infiltrarse entre la multitud, perderse en las correspondencias del metro, marear con monedas a las figuras humanas, perder la virginidad entre damas de moral oculta, vivir de día, morir de noche, renacer tras los primeros rayos en una cama alejada de las sábanas ya mugrientas de su húmeda estancia. Pensó mientras caminaba hacia la puerta que quizá todo sería más fácil allá fuera, entre más personas, entre colegas que se ayudan como las rémoras y los tiburones. Pensó mientras tocaba el picaporte como sería la chica que conoció aquella noche en internet, como sería verla, tocarla, sentirla, respirarla cerca, de verdad, sin un vidrio de centelleante pegado a la cara. Pensó mientras giraba con cautela el pomo que ya era hora de usar el móvil y llamarla, de perder el miedo al aire tan puramente contaminado, de saltar al vacío por el hueco del ascensor. Abrió la puerta con miedo, buscando recuerdos de caras que había por allí el día que se condenó al ostracismo más enclaustrado. Ignoró el llanto alegre de su madre, el desplante de su padre, el abrazo de su hermana. Ignoró todo, cogió su móvil inútil hasta ese momento y marcó el número de la chica. Tras un breve silenció oyó: "El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura". Y pensó, que ya formaba parte del mundo moderno.

martes 30 de junio de 2009

SECUESTROS SL: MUESTRA 4

viernes 26 de junio de 2009

2

jueves 25 de junio de 2009

1

martes 23 de junio de 2009

ANIVERSARIOS

La humanidad tiende a celebrar que todo es un año más viejo. Que el columpio del parque tiene menos pintura que hace 365 días, que el sol calienta más que hace justo un lustro, que todo está más hecho mierda que hace dos décadas. Hace poco fue el primer aniversario de este desequilibrado blog, un año de reflexiones de Álex Sanmartín y del que suscribe. Hace un año yo no era así. Hace un año Álex escribía sobre este blanco. Ahora él hace meses que anda desaparecido y se le da por muerto. Y yo agonizaré pronto de no arreglar algunos errores. Hace justo 365 días Álex se iba a la playa a emborracharse con unos desconocidos, buscando entre sonrisas ajenas la pieza que faltaba para completar su puzzle. La encontró a miles de kilómetros y quizá la volvió a perder hace unos meses. En el fondo la vida es sólo eso, ir perdiendo piezas hasta que se desmorona por completo el dibujo. Hoy voy a ir a la misma playa a la que fue Álex, con la única intención de encontrar a aquel grupo con el que pasó esta noche tan corta. No sé porqué pero siento que se lo debo. Quizá se convierta en una tradición, buscar piezas de puzzle en la arena de una playa kilométrica. Ríanse de las agujas en los pajares. Si alguien quiere echarme una mano estaré ahí:
SANT JOAN, SOMIERS Y LA CHICA DE ROJO

Espero que sólo se haya ahogado el portátil. Feliz aniversario.

lunes 22 de junio de 2009

SECUESTROS SL: MUESTRA 3

El árbritro dice: Sigan, sigan.

lunes 15 de junio de 2009

PERDER UN TREN

Sabes que no llegas, pero lo pruebas como el desesperado apuesta una última vez a la ruleta o el borracho apura una copa para limpiarse los cortes del corazón. Cinco minutos, un kilómetro. Caminas rápido, respirando con fuerza, apretando más los talones a cada paso acelerado. Empiezas a sudar por la frente; odias sudar por la frente porque lo asocias con esos cerdos pervertidos que miran fotos de viejas desnudas mientras toman el sol en un banco al lado de una obra. Estás cansado y no llevas ni la mitad de la distancia. Quedan dos minutos. Un perro te adelanta corriendo hacia un árbol que marca la frontera entre los otros perros; el dueño mira con desgana en la distancia. Los edificios alrededor inmóviles, torreones de hormigón con colores de ocho bits, símbolos fálicos de un arquitecto tan enfermo como los del banco y las viejas. Te duelen las rodillas y no hay humedad ni reúma, Te duelen porque son débiles, porque perdieron el vigor, igual que un árbol en otoño. Como todas las partes de tu cuerpo. Un minuto, trescientos metros, el destino se vislumbra. A lo lejos oyes una locomotora sin humo, el traqueteo de unos vagones cansados y vacíos, unas ruedas que gimen contra los raíles. Corres como cuando tropiezas en la cinta y resbalas y parece que el camino recorrido no haya servido de nada y las rodillas lloran sangre que brota tímida, gris. Hay un cerco a pocos metros, unas obras inacabadas que el obrero, cansado, olvidó señalizar igual que el náufrago desesperanzado desatiende la baliza que podría salvarle la vida. Y a pocos metros, en ese último sprint que te está destrozando el corazón (más incluso que aquella chica, aquella vez, aquel doloroso año) caes en el hoyo. El tren se retira hacia el horizonte, sin ti, de nuevo. La vida, a veces, se convierte en una cruel metáfora.
 
Free counter and web stats